Cuando comenzamos a cumplir algunos años es recomendable cuidar más que nunca nuestra alimentación. Ya no sólo para prevenir la aceleración o la aparición de determinadas enfermedades, sino porque nuestra vida diaria puede mejorar muchísimo.

Mantener una alimentación saludable que mejore nuestras digestiones y contenga los nutrientes adecuados, es fundamental para que nos sintamos mejor con nosotros mismos, con muchísima más energía y, en definitiva, más saludables. ¡Y Qué decir si además lo combinamos con un poquito de ejercicio!

Normalmente y, sobre todo, después de los 50, nuestro organismo se vuelve un poco perezoso. Y además, como comienzan las típicas dolencias en huesos, de articulaciones… ¡Bueno que nos comienza a doler todo, para que lo vamos a negar! Así que es fundamental que le ayudemos un poquito con determinados hábitos. Esta claro que somos lo que comemos y que desde luego no nos sienta todo igual a los 30 que a los 50 años.

1. Aumenta la ingesta de fibra, si puede ser integral.

Lo mejor es que comiences a potenciar las legumbres, las verduras, la fruta, por encima de las carnes. Está claro que hay que hacerlo siempre, pero sobre todo ahora. Para animar a nuestro organismo a que haga mejor la digestión, tenemos que darle herramientas para ello, y la fibra es la principal. Si queremos que vaya todo “como la seda”, lo mejor es dar a fibra a nuestro organismo, porque es quien se va a encargar de que sea así.

Favorece que la fibra que tomes, cuando provenga de los cereales, sea integral. Encontrarás todos los nutrientes del trigo, lo digerirás mejor y además estarás aportando muchísima más cantidad de nutrientes buenos. Además de que evitarás todas las desventajas que tienen los hidratos que están demasiado procesados, como el pan blanco, la pasta…etc.

2. Añade color a tu dieta.

Con esto queremos animarte a que incluyas colores diferentes en tus platos. Cada color en los alimentos suele ser indicio de que está compuesto por determinados compuestos y vitaminas, así que si pones el rojo, el verde o el naranja en tu plato te estarás asegurando de que te estás alimentando con todos ellos. Cambia de colores, y cambiarás de nutrientes. 

3. Disminuye la ingesta de azúcares.

El azúcar no sólo engorda, sino que  es la “gasolina” de muchísimas enfermedades. No sólo trata de evitar añadirla, sino que vigila que muchos de los alimentos que tomamos tienen muchísimo más azúcar de lo que deberían. Desde el típico zumo envasado, que parece inofensivo, a cualquier plato precocinado, como las típicas pizzas envasadas, contienen en su composición gran cantidad de azúcar para potenciar su sabor.

Esto no solo es innecesario para tu dieta sino que es malo. Trata de evitarlo todo lo posible.

4. Mantén a raya las grasas.

La grasa tiene que ser un componente en nuestra alimentación, está claro, pero tienes que tener cuidado con su cantidad más que nunca. Potencia las grasas “buenas” que tienen alimentos como las semillas, las nueces, los aguacates y algunos pescados, y disminuye todas las que sean de origen animal o sean agregadas cuando estés cocinando.

5. Controla la sal.

Cuando nos acercamos a la madurez lo mejor es que disminuyas la sal todo lo posible. Si ves que todo te resulta soso es momento de que comiences a experimentar con las especias… ¡Además, muchas están buenísimas y tienen nutrientes muy favorecedores para el organismo! La sal es un enorme conductor para la hipertensión, y además, si aprendes a prescindir de ella, te darás cuenta de que es mucho menos necesaria de lo que crees.

6. Vigila la ingesta de lácteos.

No queremos prohibirte que te comas un buen queso de vez en cuando… ¡Eso sería muy cruel! Pero sí tienes que tener en cuenta que los lácteos no son precisamente el mejor alimento del mundo, y que ahora mismo existen muchas alternativas como las bebidas vegetales para tu café, o el kéfir para tus yogures de desayuno. 

Como con todo, lo perfecto es mantener la cordura y no hacer de los lácteos tu alimento principal. No los desestimes, sobre todo si te gustan, pero comienza a sustituirlo por otros alimentos. ¡Verás como tu digestión te lo agradece muchísimo!