La alimentación de nuestros hijos

La alimentación de nuestros hijos no es igual que lo era la nuestra cuando éramos niños, como no lo es el estilo de vida actual. El estrés, la falta de tiempo y las actividades sedentarias se dan  con demasiada frecuencia en todos los miembros de la familia y quizás es por este motivo que los platos precocinados, los alimentos excesivamente calóricos para tomar entre horas o los refrescos inundan nuestras neveras.
En la educación de los hijos es importante comprender que la alimentación, así como el ejercicio físico, son una parte más las enseñanzas que deben trasmitirse dentro del núcleo familiar.

Predicar con el ejemplo es la mejor forma de conseguir nuestro objetivo, lo que los niños nos vean hacer será un  referente para ellos, por eso es importante que disfrutemos junto a ellos de una dieta variada rica en vegetales y platos llenos de color, igualmente es muy positivo que nos acompañen en la cocina participando en la elaboración de platos sencillos y en la organización de los menús semanales a partir de las pautas de frecuencia y variedad de alimentos que nosotros les marquemos (utilizando como guía la pirámide de la dieta mediterránea).
Por otro lado es necesario seleccionar con atención los alimentos que llevamos a casa ya que nuestros hijos no comerán lo que no encuentren en la nevera, por tanto si no tenemos en casa bollería industrial, patatas fritas o chocolates, evitaremos la tentación de desearlos, en cambio debemos procurar tener siempre a mano frutas variadas y zumos para ofrecerles en lugar de refrescos gaseosos.

Es importante enseñar a comer con argumentos que les sirvan para convencerse por si mismos, como por ejemplo: “Si desayunamos bien tendremos menos sueño por las mañanas y estudiaremos mejor”, “los colores de las verduras y las frutas son divertidos y nos sirven para verte mejor, oírte mejor…”, “el pescado, la leche, los huevos y la carne son necesarios para crecer y estar fuertes”…
Todo será más fácil si evitamos prohibiciones u obligaciones, tampoco debemos utilizar la comida como premio o compensación sino como una necesidad vital más como lo es dormir o jugar. Cuando aprenden a comer, esta actividad puede resultar para ellos igual de gratificante y divertida que lo son el resto.

La alimentación adecuada no es solo cuestión de contenido sino que también es importante la forma: respetar los horarios y no saltarse ninguna de las comidas, en especial el desayuno, comer sentado en la mesa utilizando los cubiertos y no realizar otras actividades mientras comen (como ver la televisión).

Controlando estos pequeños detalles será mucho más fácil que nuestros hijos coman de forma saludable y ayudaremos a evitar que aparezcan  problemas de sobrepeso o malnutrición. No debemos obsesionarnos con su alimentación tan solo ser conscientes de que están aprendiendo a comer y que los responsables de ese aprendizaje son principalmente sus padres.

Sara Cadenas
Técnico Especialista en Dietética y Nutrición

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