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Del 1 al 7 de agosto se celebra, en todo el mundo, la Semana Mundial de la Lactancia Materna, con el objetivo de promoverla, de concienciar acerca de sus beneficios y con el fin de mejorar la salud de los bebés de todo el mundo.

Con la Semana Mundial se conmemora la Declaración de Innocenti, formulada por altos cargos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, en agosto de 1990 para proteger, promover y respaldar la lactancia materna.

La OMS la recomienda como modo exclusivo de alimentación durante los 6 primeros meses de vida; y después complementarla con otros alimentos inocuos para el bebé, según sus necesidades. La leche materna contiene todos los nutrientes que el niño necesita en estos primeros meses de vida, favoreciendo su crecimiento, su salud y su maduración.

La lactancia es el periodo de la vida en que la madre se encarga de ofrecer al recién nacido el alimento más adecuado a sus necesidades: la leche materna; no sólo teniendo en cuenta su composición, sino también el aspecto emocional, ya que el vínculo afectivo establecido entre ambos es una experiencia única y especial.

Las glándulas mamarias de la mujer se preparan para la lactancia desde la adolescencia, cuando se experimenta un aumento en el tamaño de las mamas.

Los cambios hormonales ocurridos durante el embarazo provocan el crecimiento de la mama, de sus conductos y de los alveolos, estableciendo así el punto inicial y formal de la lactancia. Siendo el bebé el que estimula la producción y la secreción de la leche.

Es recomendable para la mujer comer en menor cantidad, pero hacerlo con más frecuencia y tener a mano aperitivos y tentempiés saludables. Esto ayudará a mantener los niveles de energía y a calmar cualquier ataque de hambre.

La variedad y el equilibrio son factores claves para que la mamá se mantenga sana. Una dieta equilibrada debe aportar, en los porcentajes adecuados, carbohidratos, proteínas y grasas; y no deben de faltar los granos, los cereales integrales, las frutas y las verduras.

Consumir demasiadas grasas no es saludable, pues puede alterar la composición grasa de la leche materna, pero algunas son recomendadas y no deben de faltar para mantener un correcto equilibrio en su composición, como las que están en el aceite de oliva, en el aguacate, en las nueces o en el pescado, como el salmón; aunque de este último no se debe de abusar.

También deberá cuidar el consumo de ciertos alimentos que le pueden dar sabor desagradable a la leche y el niño puede rechazarla; como es el caso de: los espárragos, la cebolla, el ajo, las alcachofas, el apio, la col, el puerro…Y también debe evitar las especias picantes o demasiado aromáticas.

No obstante, siempre debe consultar cualquier duda con su pediatra.

Al dar el pecho, el cuerpo de la mujer debe estar bien hidratado y beber gran cantidad de agua, además del líquido de las comidas; caldos, sopas, frutas o verduras. Se puede además tomar café, pero con moderación: lo recomendable es tomar una taza de café por las mañanas y dejando distancia de unas dos horas de las tomas del bebé.

Muchos profesionales recomiendan continuar tomando suplementos prenatales, al menos durante los primeros meses, y posteriormente tomar un suplemento regular de vitaminas y minerales. Esto siempre bajo supervisión médica ya que todo lo que tome la madre lo tomará el niño a través de la leche.

En definitiva, la leche materna es esencial en el crecimiento de un bebé y también en el bienestar de su madre, por lo que es imprescindible tener una alimentación adecuada, variada y saludable.