Hoy en día cada vez es más habitual que las personas se interesen más por su alimentación y busquen productos naturales. Gracias a ello se ha rescatado la quínoa, un alimento con una gran riqueza nutricional que no requiere el uso de plaguicidas ni fertilizantes por lo que resulta aun más atractivo.

Fue un alimento básico para los Incas, hasta la llegada de los españoles que prefirieron otros cultivos como la patata o el maíz.

Aunque la quínoa es una planta de la que se aprovechan tanto las hojas como los tallos y las semillas, esta última es la manera mas habitual de consumo, por eso siempre se ha considerado un cereal.

En su composición destacan proteínas de alto valor biológico (contiene todos los aminoácidos esenciales), vitaminas (B1, B2, B3, B9, C y E), minerales (hierro, calcio, potasio, magnesio, fósforo, zinc, manganeso y en una menor cantidad cobre y litio), elementos fotoquímicos, hidratos de carbono (mayoritariamente almidón) y grasa polinsaturada (omega 6).

Entre las múltiples propiedades que posee la quinoa destaca su papel preventivo en el cáncer, la osteoporosis y enfermedades coronarias. Por su contenido en minerales es un alimento remineralizante y reconstituyente, estimula las funciones del hígado y lo protege. Reduce el colesterol en sangre, potencia el sistema inmune, mejora el tránsito intestinal y desarrolla la flora bacteriana. Además es analgésica, cicatrizante, anticatarral, antihinflamatoria, antioxidante y antiparasitaria. Resulta apta para los celiacos ya que no contiene gluten, ayuda en etapas de crecimiento, fatiga, menopausia y estados depresivos.

Ahora que ya conocemos un poco más este estupendo alimento, podemos disfrutar de su consumo de muchas maneras, ya que se puede consumir como guarnición, en postres, sopas, leche, etc.

Sus granos se cocinan igual que el arroz o el cuscus, siendo importante no cocerlo en exceso ya que puede perder sus propiedades organolépticas.