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En la antigüedad, la chía ha sido un alimento básico en las civilizaciones azteca y maya, ya que estas semillas están repletas de vitaminas, minerales y ácidos grasos que nos ayudan a combatir las grasas y nos aportan muchos beneficios.

Es una semilla comestible, de la planta Salvia hispánica. Son una excelente fuente de fibra y antioxidantes, calcio, proteínas y ácidos grasos omega 3 (ácido alfa-linolénico) ALA de origen vegetal y no contienen gluten.

Reducen la ansiedad, produciendo saciedad y control del hambre, combinadas con líquido (agua, leche, zumo o yogur) forman un gel debido a su fibra soluble que nos ayuda a sentirnos más llenos y retrasando el aumento de azúcar en sangre.

Poseen un sabor suave y agradable, ligeramente parecido al de la nuez, con lo que pueden utilizarse como complemento para la elaboración de diversos platos conocidos por todos.

Te ayudan a mantenerte hidratada, ya que absorben 10-12 veces su peso en agua. Se recomiendan en personas muy activas y deportistas, porque proporcionan un aporte extra de energía, además aumentan la masa muscular y regeneran tejidos, debido a su alto contenido en fibra y proteínas.

Su gran contenido en omega-3 (contiene más ácido graso que muchos pescados), hace que posea propiedades antiinflamatorias, calman el dolor de las articulaciones, combaten la celulitis y además nos ayuda a mantener la piel y el pelo brillantes.

Ayudan en la eliminación de líquidos y toxinas, regulan la flora intestinal y previenen la oxidación celular, por sus propiedades depurativas y antioxidantes.

Se aconseja el consumo de 25g al día. Este consumo diario nos ayuda a tener una buena protección frente a la contaminación, el humo del tabaco, los rayos solares… gracias a sus nutrientes.

 

Laura González Chavarrías

Diplomada en Nutrición Humana y Dietética

 

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